lunes, 6 de septiembre de 2010

Teatro y representación


El texto como hecho representacional.


Se ha dicho “la puesta en escena consiste en la coordinada articulación de trabajo dramatúrgico y práctica técnico-artesanal”. Muchas de las veces vemos predominar el primero sobre lo segundo o a la inversa. En cualquier caso, ambas actividades son indisociables en el proceso de escenificación de un espectáculo.



Es innegable que todo espectáculo teatral tiene un texto (cualesquiera que sean sus característica u origen) como antecedente. Cuando decimos que puede provenir de cualquier origen y con cualesquiera características, nos referimos al hecho de que el Texto literario que antecede la Representación, puede ser un texto apropiadamente estructurado y poseer los elementos propios del género literario dramático o puede tratarse de un texto de géneros específicos tales como la narrativa, poesía, crónica, artículo de prensa, entre otros.


Inclusive, hay ocasiones por el contrario, en que el texto no posee ninguna codificación literaria, incluso ni siquiera está formalmente escrito, sin embargo no por ello deja de existir un texto propiciador.


Para entender el proceso de transformación al que se somete este texto/pretexto hacia la representación habrá que empezar por definir los términos; decimos, el texto pertenece al ámbito literario, posee elementos expresivos propios y una articulación estructural derivada de presupuestos estéticos concretos. Por otro lado la representación es una creación artística que se inscribe en el conjunto de las artes espacio-visuales. Posee distintas líneas expresivas o de significación, coincidentes al unísono en el mismo espacio y tiempo para construir una imagen escénica concreta.


Para que la combinación de ambos suscite el proceso de construcción teatral habría que considerar dos características particulares del hecho escénico: la presencia del actor/actriz como creador(a) de sus propios significados. “El interprete actúa como elemento centrifugador de todos los planos expresivos que se generan en su entorno para otorgarles el rango de teatralidad”. En la segunda característica, se considera que la obra de teatro se produce en el mismo espacio y tiempo en que los espectadores la contemplan se desvanece en el mismo momento.



Existe una autonomía entre el texto dramático-literario y la representación teatral, aunque existe una tonalidad relativa o dicho de otra manera, una relación definitoria mutua. ¿Qué quiere decir esto? Que toda obra escrita posee de manera intrínseca potenciales tendientes a la generación de un espectáculo. Toda escenificación tiene su origen en la mayor de los casos en un texto de la literatura dramática que le sirve de motivación tanto en sus acciones como de su ubicación en un campo semántico-expresivo concreto


Es innegable que existe una relación dialéctica, casi ontológica entre el texto literario y la representación; es precisamente en el espacio entre las dos donde suceden los principales procesos creativos del arte teatral en general. “….el texto literario-teatral es ya teatro puesto, la teatralidad está virtualmente en el texto escrito, que contiene su propia representación". Sin embargo, el texto literario-teatral tiene características específicas que lo colocan en como objeto de estudio original; el texto literario-teatral o dramático contiene en sí mismo una escenificación completa, siendo su único receptor el lector, razón por la cual es necesario eficientar esta relación hermenéutica mediante una técnica semiótica, interpretativa, lingüística enmarcada en un contexto socio-cultural específico e inagotable.



Los aspectos que integran el componente verbal-lingüístico que se registra en el texto, y que lo componen como un texto dramático son los diálogos, las didascálicas, la acción como unidad y la configuración de los personajes como portadores del desarrollo de la acción. “La tríada diálogo-acción-personaje muestra en el teatro su constante interacción, de tal manera que resulta casi imposible considerar cualquiera de ellos sin tener presentes a los otros”.



El texto teatral contiene en sí mismo una representación completa e ideal de la escena, razón por la cual es indispensable para cualquier estudio literario del teatro revisar a fondo los vínculos, relaciones, divergencias, semejanzas, herencias, influencias que tienen los textos dramáticos con la práctica escénica tanto en su momento como en el cauce histórico. Y el texto dramático, en tanto que estructura, posee un plano legible, visible y audible, pero por debajo de él, se esconde una estructura profunda llena de contenidos ideológicos y valores de todo tipo. Y es justamente en esta estructura oculta la que se potencializa en la escenificación.


Elaboró Gunnary Prado
Bibliografía:
Juan Antonio Hormigón, "Trabajo Dramatúrgico y Puesta en Escena, Volumen I"


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